Interpreting the Catalan elections

The challenge of assessing the outcome of yesterday’s regional elections in Catalonia is that several actors in this crisis can claim different forms of victory – and are doing so – from different frames (majority in terms of seats neglecting share of votes, etc.). This, uncertainty and a strong component of post-truth politics in the secessionist camp, have been the defining features of a full-fledged crisis that has seen competing narratives about democracy, rule of law and basic constitutional covenants, first and foremost among the clashing camps in Catalonia. Such diametrically opposed framing and narrative building have also shaped the political framing elsewhere in Spain and at the international level.

Given the complexity of the results, their myriad implications and the renewed uncertainty about what comes next, it is important to perhaps distinguish between big read takeaways and deeper changes in the political and social landscape in Catalonia, which are sure to condition the region and Spain as a whole.

Del “procés” catalán y los Balcanes

A pesar del ruido sobre Cataluña, hay que seguir refutando las posverdades del procés, con la esperanza de recuperar el seny. Vista la tendencia de sus spin doctorsde apropiarse sin rubor de causas ajenas, es además preciso hacerlo por respeto a las ilusiones y dramas de otros pueblos, gratuitamente banalizados. Estaapropiación indebida incluye selectivas comparaciones con Balcanes; en concreto, con la secesión de Eslovenia en 1991, como independencia diferida, y de Kosovo (2008), como independencia unilateral proclamada por un parlamento, como hizo la mayoría secesionista el pasado 27 de octubre.

Volverán sobre estos casos, así que dejemos claro en qué no se parecen. En el caso esloveno, el ex primer ministro, Alojz Peterle, subrayaba en estas páginas el fin del bloque comunista, el desmembramiento de Yugoslavia y la unidad política para la independencia. El Estado matriz no era democrático y, en los 90, lo controlaba un Slobodan Milosevic autoritario y cínico promotor de la Gran Serbia que terminó sus días en La Haya. También era distinto el marco constitucional y, en el caso de Eslovenia, permitía su autodeterminación. El apoyo a la independencia en una Eslovenia homogénea alcanzó el 90% en un referéndum con participación superior al 90%. Por su parte, la declaración de independencia de Serbia realizada por el Parlamento kosovar en febrero de 2008, no siguió a un referéndum y fue boicoteada por la minoría serbia (11 de 120 representantes). Guste o no, representa la realidad demográfica, social y política de este país hoy, con una población albanokosovar muy mayoritaria. Son cifras de representatividad y legitimidad muy diferentes a las del procés, como confirmó el 1 de octubre y la República Catalana proclamada en otra grotesca sesión de un Parlament semivacío, con 70 votos secretos sobre 135 y que equivalen en torno a un 35% del censo. El problema de estos movimientos, eso sí, es que pueden terminar imponiéndose y creciendo en apoyos ante errores del contrincante, y hastío e incomparecencia de los demás.