Curtain comes down on Balkan Hague tribunals

 have only seen Ratko Mladić on television and on my computer screen, but I am well aware of his legacy in eastern Bosnia. Earlier this decade, I spent two years in Foča, a mountainous district in the Upper Drina Valley near the borders with Montenegro and Serbia.

Apart from its rugged nature, the Drina Valley is known because of what happened there during the Bosnian War (1992-95). Despite the overwhelming media attention on the besieged Sarajevo, much of the ethnic cleansing of Bosnian Muslims was carried out in isolated rural areas, in places such as Goražde, Višegrad, Srebrenica and Foča itself.

Mladić was born there, in Kalinovik, a scruffy and isolated village on the high planes of Treskavica. And while he may be despised internationally, the “General” enjoys a hero’s standing among many Serbs in the region, as evidenced by the graffiti supporting him that I used to see when I arrived in the valley in 2010 as a human rights officer for the OSCE.

Reading the recent sentence by The Hague Tribunal for the former Yugoslavia, two memories from that time come to mind: the local response to his arrest, and our work in the mass graves he and others created.

De Mladic, Praljak y La Haya

Solo he visto a Ratko Mladic en la televisión y el ordenador, pero conozco bien su legado en Bosnia oriental. Viví un par de años a principios de esta década en la municipalidad de Foca, en el Alto Valle del río Drina, fronterizo entre Bosnia, Montenegro y Serbia. Mladic nació por allí, en Kalinovik, un pueblucho apartado en las altiplanicies de Treskavica. Es una región de montes, cañones y nieblas, muy aislada, sobre todo en invierno. Más allá de su magnífica naturaleza salvaje, el Valle del Drina es conocido porque durante la guerra de Bosnia (1992-95), cuando casi todas las cámaras miraban al sitiado Sarajevo, en poblaciones como Gorazde, Visegrad, Srebrenica o la propia Foca se llevó a cabo gran parte de la limpieza étnica de bosnios musulmanes y otros crímenes dantescos.

Yo llegué al Valle algo más de una década después para trabajar en derechos humanos con la OSCE, con un mandato que buscaba contribuir a enmendar ese legado de Mladic y otros. Más allá de los grafitis en su apoyo que solía ver en callejuelas y ruinas, el General serbo-bosnio juega un papel importante como héroe en el imaginario local y ciertos sectores políticos y sociales en Serbia. Leyendo la reciente sentencia del Tribunal de La Haya para la antigua Yugoslavia, dos momentos concretos me vienen a la cabeza: cuando le arrestaron y nuestro trabajo en fosas comunes (sus fosas, esto es).