La frivolidad de esta era política

Todos frivolizamos alguna vez. La frivolidad ante los hechos más dramáticos, las verdades más terribles o las decisiones de mayor impacto a veces funciona como un mecanismo de autodefensa. Este parece ser especialmente el caso en tiempos de inseguridad e incertidumbre como los actuales, con un aire de esperpento o tragicomedia. Por delante de nuestra pantalla del móvil, la tableta o la televisión circulan sin lógica aparente pero sobre todo sin parar imágenes dantescas de brutalidad extrema, como la decapitación en directo de víctimas del Daesh, seguidas de imágenes del absurdo más absoluto, propias de una parodia. El absurdo, pongamos, del antepenúltimo tuit viral del presidente norteamericano -decidido claramente a ser un líder mundial por lo menos en esta categoría-. En él, con un montaje de un combate televisado de lucha libre en el que, cual energúmeno, se lanzó al cuadrilátero para derribar a árbitro, finge atacar a golpes a la CNN, acusándole de publicar falsedades sobre él.

Cierta dosis de frivolidad es comprensible, y quizás sea necesaria para mantener la cordura y la distancia. Pero hay dos variantes de frivolidad política y social que deberían preocuparnos de forma particular. La primera es la ligereza con la que se toman o no toman, bajo criterios cortoplacistas, partidistas o intereses aún menos generales, decisiones trascendentales para el bienestar de nuestros países y sus ciudadanos. Va acompañada de machacones mensajes y spin político que a menudo no significan nada realmente. La segunda es la sorprendente facilidad con la que se rebasan en nuestro lenguaje político y nuestra comunicación social las fronteras entre tragedia y parodia, entre aquello de lo que uno como norma no debiera reírse o hacer mofa fácilmente, y la mofa o broma en sí. Esta última frivolidad es distinta a la sátira, pues no contiene ninguna lección aprovechable para el pensamiento crítico y la democracia.

El Reino Experimental

Hubo un tiempo en el que muchos admirábamos las cualidades de la mejor tradición política británica. Leíamos las propuestas que el ejército de Oliver Cromwell, en plena Guerra Civil inglesa, hizo en los debates de Putney, de enorme contenido revolucionario, democrático e igualitario para la época. Nos entusiasmábamos por pensadores como Burke o estadistas como Churchill, por no hablar de fenómenos como los Beatles. Seguíamos las discusiones sobre escuelas, impuestos u hospitales en el Parlamento británico, en las que el representante medio desplegaba una capacidad y elegancia retórica así como sentido del humor muy superiores a los de la Carrera de San Jerónimo. Queríamos un Reino Unido fuerte, con su gran servicio diplomático y su presencia global, en una Europa abierta, una relación que justificaba esa voz discordante y su freno a dogmas federalistas alejados de la realidad.

Pero aquella nostalgia se ve hoy superada por el escepticismo, la sorpresa y el hastío con este Reino Unido. En vez de mirar al pasado, como hace hoy gran parte del segmento político y social de las islas británicas, mejor aceptar su realidad presente. Mejor mirar fríamente a este país, al igual que el EEUU de Trump, como un laboratorio moderno de experimentos políticos y sociales, unos específicos de su contexto, otros menos. Casi, un anti-modelo de políticas y formas de liderazgo que el resto de europeos no deberíamos emular.

En mi opinión, estas elecciones han sido, de nuevo, no tanto sobre el Brexit ni mucho menos Europa. Más bien, han girado en torno a dos formas de liderazgo político que desde perspectivas diferentes se presentan como respuesta ante los males que nos aquejan, como la inseguridad, pero sobre todo como opciones ante las rupturas del consenso político.

Voices on Ukraine, Voices of Ukraine

This is a series of interviews and conversations on Ukraine, with a special focus on the ground with Ukrainian civil society actors, politicians and other unusual voices, so as to get their views and insights on different developments in the country – from the conflict to the reform process or societal challenges.

La vida en Bosnia 25 años después de la guerra

Estos días volveremos a recordar y conmemorar el comienzo de la guerra de Bosnia-Herzegovina y el inicio en abril de 1992 del sitio de Sarajevo por las fuerzas serbias, un sitio que duró casi cuatro años y es calificado como el más largo de la Historia moderna. Esta guerra tan fratricida dio lugar a espeluznantes episodios de limpieza étnica, sobre todo en el ámbito rural, en las pequeñas poblaciones y valles apartados, lejos de las cámaras centradas en Sarajevo; violaciones masivas de mujeres y la conocida masacre de Srebrenica de unos 7.000 musulmanes bosnios, que la jurisprudencia internacional ha reconocido como genocidio.

On Our Misconceptions Regarding Modern Russia

It is well-known that relations between the EU and the West in general and Russia suffer from mutual mistrust fanned by conflicting assessments of each other’s actions and intentions in the European space and in each other’s domestic politics. The role here of propaganda and misinformation spearheaded by powerholders and spin doctors in Moscow and their allies no doubt contributes negatively to the profoundly distorted vision that many ordinary Russians seem to have on Europe and our politics – not to mention the conflict in Ukraine or Syria, or institutions, such as NATO.

Yet one thing that has struck me ever, since I became interested in Russia and the post-Soviet space, is how much our understanding on Russia is overwhelmingly dominated by a sort of geopolitical or strategic thinking prism that it leaves little room for other angles. This perspective stresses notions of power, Grand Strategy and geopolitics (e.g. Russia’s strategic interests and history as an empire, NATO’s posturing, etc.) over a more societal or, if you will, a bottom-up approach that also lays emphasis on people-to-people interaction, societal understanding, impact of globalisation on popular perceptions, etc. At least in my experience, many Western pundits and policymakers, whether they favour a rapprochement with Russia or they see it as a challenge, tend to equally fall in this conceptual trap. Further, such debates are many times suffused by a mixture of pre-conceptions, common places, and clichés that certainly do not help to better understand modern Russia.

No nos resignamos

Europa y la familia de democracias que constituyen su esencia están en crisis. Esta vez es diferente. Peligra el modelo de convivencia, democracia abierta y seguridad compartida que ha creado uno de los espacios de paz y prosperidad más exitosos de la historia moderna. Europa tiene por delante muchos desafíos, pero tres son inminentes y podrían resultar demoledores.

En primer lugar, contemplamos el avance de un realineamiento autoritario global, acompañado de un revisionismo de la historia, de sus hechos establecidos y normas básicas. La combinación de geopolítica amoral, líderes autoritarios y juegos de poder es tentadora para nostálgicos de imperios y épocas pasadas, y es sin duda atractiva para políticos sin escrúpulos. Pero también es la misma combinación que a nuestros abuelos y bisabuelos les trajo desgracias, sufrimiento y generaciones perdidas.

Ensordecedor silencio sobre Alepo

Al sureste de Sarajevo, en la región de Romanija, comienza un altiplano que recuerda al Medio Oeste norteamericano. Tambaleantes postes eléctricos se suceden junto a una carretera que discurre entre colinas y bosques hasta llegar al valle del río Drina. En un desvío mal indicado hay un camino rural que se adentra en un bosque y llega a un claro. Allí encontraron hace seis años una fosa con restos de una decena larga de bosnios musulmanes asesinados en 1992, al comienzo de la guerra, tras caer la zona en manos de las fuerzas serbias de Radovan Karadzic y Ratko Mladic. Esa fosa era una más de tantas que siguen apareciendo en Bosnia. Años de cavilaciones internacionales, no ya sobre las complejas opciones de paz sino sobre algo tan inmediato como qué respuesta ante hechos reminiscentes de la barbarie de la Segunda Guerra Mundial, alentaron la impunidad. Con las cámaras mirando al Sarajevo sitiado, se llevó a cabo la limpieza étnica de casi toda Bosnia oriental, acompañada de sistemáticas violaciones, ejecuciones y matanzas, lo que culminó en el genocidio de Srebrenica tres años más tarde ante los ojos de la ONU (poco después del de Ruanda). Hoy, chauvinistas a este y oeste ponen en cuestión los hechos y a veces también Auschwitz. Vuelve el revisionismo histórico y está de moda la llamada posverdad -la subversión sin rubor de hechos establecidos para lograr la hegemonía política y destruir la democracia deliberativa- que utilizan el Kremlin, la actual Casa Blanca y sus acólitos. Pero a mí, en ese bosque en Romanija, los restos humanos que emergían de la tierra me parecían bastante reales, como ciertos son los datos demográficos de antes y después de la guerra.

Ukraine’s rising Euroscepticism

With a snowstorm raging outside, Olha draws a stack of banknotes from her bag and starts inserting them in the ATM. By the end of a lengthy operation she has banked some 1200 hryvnia. Yet with the hryvnia devalued over 300% since 2013, it amounts to just €40.

In her mid 30s, Olha belongs to the new generation and the professional class behind reformist forces in Ukraine. Despite a decent monthly salary of over €500 euros (the minimum wage stands at some 1600 hryvnia or €55 euro), she struggles to have anything resembling the life of a young European, while real estate property or even savings are well beyond her reach. Other social strata are obviously worse off and struggle just to pay their rising gas and electricity bills –  side effects of the macroeconomic reforms that the government has put in place over the last couple of years at the behest of the IMF, often a precondition to the loans Ukraine depends on to avoid bankruptcy.

Carta a Europa asediada

Querida y asediada Europa, mira a Occidente. Al otro lado del Atlántico el presidente electo de EEUU simpatiza con Nigel Farage, Vladimir Putin y otros que no te quieren bien (a los hechos me remito, aunque hoy sean un incordio). Un megalómano que prevé el fin de tu Unión -y que se enteró del Brexit de camino a un encuentro de golf en Escocia el mismo día del referéndum-. Sin ser tremendistas, tu aliado más indispensable podría ser algo más imprevisible y caprichoso. Apuesta por esta relación cuando sea preciso, pero no caigas en la pleitesía de la que hacen gala algunos de tus gobiernos, pensando que todo seguirá igual o incluso que irá a mejor. El autoengaño es tentador. Ojalá me equivoque pero el poder suele corromper, no purificar, y Trump llega al Despacho Oval con un bagaje negativo, un sistema de control de poderes débil en política exterior y propuestas dañinas para tu modo de vida. Abre la puerta pero sé exigente. Haz guiños, por ejemplo en defensa, pero marca líneas rojas y no dejes que te dividan (no olvides Irak). Si los grandes principios aún te importan oponte cuando sea imperativo a este EEUU que vuelve a exhibir su peor cara.

Leaving the Square: stories from Ukraine

Vira walks on unsteady legs through the streets of Sambir. From time to time, she talks to herself as she takes short steps to dodge the hazards on pavements covered with ice and snow. It is January and the temperature has dipped below minus 20. The morning breeze slashes the lips and one can barely take one’s gloves off. On reaching us, Vira looks up and smiles faintly. Vera in Russian, her name means “faith”, though she is not a believer. She is embroiled in a lawsuit against the Ukrainian state, from which she is demanding the pension of her late father, the local boss of the NKVD, the KGB’s precursor. She rejects the pension that corresponds to her as a former civil servant in one of the dusty military institutions from the previous era, though at almost one hundred euros a month, it is not an insignificant sum amidst the country’s crisis and with a devalued hryvnia, Ukraine’s currency. She says she has been deceived by the state. Such mistrust of the state is common; historically, it has worked in favour of the ruling classes, people like Vira’s father.

Belonging to the NKVD brought respect based on terror, but also status and privileges. As in Orwell’s Animal Farm, in the new Soviet society, everyone was equal, but some more than others. Vira is one of those people whose situation became virtually frozen, like Sambir’s pipes these days, with the disappearance of the Soviet Union. Her gas and electricity have been cut off after she stopped paying the bills.